domingo, 8 de septiembre de 2013

El héroe del día.-

En una cena de una escuela de niños con capacidades especiales, el padre de un estudiante pronunció un discurso que nunca Será olvidado por las personas que lo escucharon.

Después de felicitar y exaltar a la escuela y a todos los que trabajan en ella, este padre hizo una pregunta:

Cuando no hay agentes externos que interfieran con la naturaleza, el orden natural de las cosas alcanza la perfección. Pero mi hijo, Herbert, no puede aprender como otros niños lo hacen. No puede entender las cosas como otros niños. ¿Donde está el orden natural de las cosas en mi hijo?

La audiencia quedó impactada por la pregunta.

El padre del niño Continuó diciendo: 'Yo creo que cuando un niño como Herbert, física y mentalmente discapacitado viene al mundo, una oportunidad de ver la naturaleza humana se presenta, y se manifiesta en la forma en la que otras personas tratan a ese niño'.

Entonces contó que un día caminaba con su hijo Herbert cerca de un parque donde algunos niños jugaban baseball. Herbert le preguntó a su padre:

- ¿Crees que me dejen jugar?

Su padre sabía que a la mayoría de los niños no les gustaría que alguien como Herbert jugara en su equipo, pero el padre también entendió que si le permitían jugar a su hijo, le darían un sentido de pertenencia muy necesario y la confianza de ser aceptado por otros a pesar de sus habilidades especiales.

El padre de Herbert se acercó a uno de los niños que estaban jugando y le preguntó, sin mucha esperanza, si Herbert podría jugar.

El niño miró alrededor por alguien que lo aconsejara y le dijo:

- Estamos perdiendo por seis carreras y el juego esta en la octava entrada. Supongo que puede unirse a nuestro equipo y trataremos de ponerlo al bate en la novena entrada'.

Herbert se desplazó con dificultad hasta la banca y con una amplia sonrisa, se puso la camisa del equipo mientras su padre lo contemplaba con lágrimas en los ojos por la emoción. Los otros niños vieron la felicidad del padre cuando su hijo era aceptado.

Al final de la octava entrada, el equipo de Herbert logró anotar algunas carreras pero aún estaban detrás en el marcador por tres.

Al inicio de la novena entrada, Herbert se puso un guante y jugó en el jardín derecho.

Aunque ninguna pelota llegó a Herbert, estaba obviamente extasiado solo por estar en el juego y en el campo, sonriendo de oreja a oreja, mientras su padre lo animaba desde las graderías.

Al final de la novena entrada, el equipo de Herbert anoto de nuevo. Ahora, con dos outs y las bases llenas, la carrera para obtener el triunfo era una posibilidad y Herbert era el siguiente en batear.

Con esta oportunidad, ¿dejarían a Herbert batear y renunciar a la posibilidad de ganar el juego? Sorprendentemente, Herbert estaba al bate.

Todos sabían que un solo hit era imposible por que Herbert no sabía ni como agarrar el bate correctamente, mucho menos pegarle a la bola.

Sin embargo, mientras Herbert se paraba sobre la base, el pitcher, reconoció que el otro equipo estaba dispuesto a perder para permitirle a Herbert un gran momento en su vida, se movió unos pasos al frente y tiro la bola muy suavemente para que Herbert pudiera al menos hacer contacto con ella.

El primer tiro llegó y Herbert abanicó torpemente y falló.

El pitcher de nuevo se adelantó unos pasos para tirar la bola suavemente hacia el bateador. Cuando el tiro se realizó Herbert abanicó y golpeó la bola suavemente justo enfrente del pitcher.

El juego podría haber terminado. El pitcher podría haber recogido la bola y haberla tirado a primera base. Herbert hubiera quedado fuera y habría sido el final del juego. Pero, el pitcher tiró la bola sobre la cabeza del niño en primera base, fuera del alcance del resto de sus compañeros de equipo.

Todos desde las graderías y los jugadores de ambos equipos empezaron a gritar:

- Herbert corre a primera base, corre a primera'

Nunca en su vida Herbert había corrido esa distancia, pero logró llegar a primera base. Corrió justo sobre la línea, sobresaltado y con los ojos muy abiertos.

Todos gritaban:

- ¡Corre a segunda!

Recobrando el aliento, Herbert con dificultad corrió hacia la segunda base. Para el momento en que Herbert llegó a segunda base el niño del jardín derecho tenía la bola. Era el niño más pequeño en su equipo y que sabía que tenía la oportunidad de ser el héroe del día. El podía haber tirado la bola a segunda base, pero entendió las intenciones del pitcher y tiro la bola alto, sobre la cabeza del niño en tercera base.

Herbert corrió a tercera base mientras que los corredores delante de el hicieron un circulo alrededor de la base. Cuando Herbert llegó a tercera, los niños de ambos equipos, y los espectadores, estaban de pie gritando:

- ¡Corre a home, corre!

Herbert corrió al home, se paró en la base y fue vitoreado como el héroe que bateó el grand slam y ganó el juego para su equipo.

- Ese día, - dijo el padre con lágrimas bajando por su rostro - los niños de ambos equipos ayudaron dándole a este mundo un trozo de verdadero amor y humanismo.

Herbert no sobrevivió otro verano. Murió ese invierno, sin olvidar nunca haber sido el héroe y haber hecho a su padre muy feliz, haber llegado a casa y ver a su madre llorando de felicidad y ¡abrazando a su héroe del día!


Esta historia de la vida real que desde hace ya tiempo circula por Internet, nos recuerda aquellas palabras de Jesucristo cuando decía "dejad que los niños vengan a mi ya que de ellos es el reino de los cielos". Uno se pregunta ¿cuántas veces los adultos nos negamos a reaccionar de la misma manera cuando estamos ante una persona en desventaja? Y la pregunta no tiene que ver con casos extremos como el del niño de la historia, sino con personas normales muy parecidas a uno que por una u otra razón no tuvieron las mismas oportunidades, que ejercen oficios menos "importantes" que el nuestro, que ganan menos, que pertenecen a otro estrato social. Basta ver la manera con que muchos tratan al que barre las calles, al portero, a la recepcionista, a un subalterno, etc.
El niño murió pensando y sintiéndose un héroe, aunque los verdaderos héroes fueron todos los otros niños, los que lo dejaron jugar sabiendo que con ello no tenían oportunidad de ganar, y también los que tenían la victoria segura y la dejaron pasar para brindarle a Herbert la oportunidad de su vida.

Las muñecas

Un hombre y una mujer estuvieron casados más de cincuenta años.
Compartían y hablaban de todo, no tenían ningún tipo de secreto entre ellos, a excepción de una caja de zapatos, que la esposa tenía en su armario, aunque el esposo jamás preguntó por ella.

Un día, la esposa enfermó y el médico les dijo que sería muy difícil que se recuperara. El hombre, tratando de acomodar el armario, se topó con la caja de zapatos, la tomó en sus manos y la llevó a su esposa.
Ella al verla, le dijo:
–Creo que es hora de que sepas el secreto que he guardado durante todos estos años.
El esposo sorprendido y con curiosidad, abrió la caja y se encontró con dos muñecas tejidas
al crochet y una gran cantidad de dinero. Empezó a contarlo y vio que eran $ 95.000.
–Querida, ¿qué significa todo esto? Preguntó admirado.

La esposa le pidió que se sentará junto a ella y le dijo:
–Cuando nos casamos, mi abuela me dijo que el secreto de un buen matrimonio era no discutir nunca y me aconsejó que cada vez que me enojara contigo, guardara silencio y tejiera una muñeca de crochet.
El esposo tuvo que contenerse para no llorar de emoción, al ver que solo había dos muñecas en la caja.
–Quiere decir que en más de cincuenta años de compartir nuestro matrimonio, solo te has enojado dos veces… ¿Y el dinero, qué significa?
–¡Ah sí! −dijo la mujer. −Ese dinero es lo que gané con todas las muñecas que vendí durante todos estos años.

«Con esta historia se me ocurre una fuente de ahorro incalculable para que todos los matrimonios además de no discutir, puedan disponer del suficiente dinero para salir a cenar, ir al cine, aprovechar un fin de semana, ir de vacaciones… Desde luego es un ejemplo a imitar, si puedes y sabes hacer crochet»

Las percepciones del Rey

Un poderoso rey encontró finalmente el amor. Su joven esposa tenía todas las condiciones que un hombre pudiera desear en la vida. Además de ser hermosa y atractiva, era alegre y entusiasta, con un corazón amoroso siempre abierto a ayudar a los demás. El amor fluía entre ellos como en pocas ocasiones se había visto.

En los actos protocolares ella caminaba orgullosa a la par del rey. Muy alagado el monarca pensaba: “Cuánto me quiere. Ella sabe que el protocolo indica que debe permanecer detrás de mí, que mis súbditos pueden ir a prisión si no hacen eso, sin embargo ella me ama tanto que siempre quiere estar a mi lado”.

En cierta ocasión, ella se disponía a comer una manzana. Era la última que quedaba y tenía un brillo que la hacía realmente apetitosa. En eso llegó el rey y al ver aquella fruta resplandeciente manifestó su deseo de comerla. Ella lo miró con dulzura, le dijo que era la última que quedaba pero que no tenía problema en compartirla. Tomó un cuchillo, la cortó en dos y de inmediato le ofreció una de las mitades a su esposo. El monarca pensó: “Cuánto me quiere. Ella es capaz de compartir lo que sea conmigo. Que suerte he tenido”.

Pasaron unos años antes que se presentaran problemas en la pareja. Tras un fuerte altercado, ella se retiró del amplio salón en el que discutían, dejando al Rey solo. De inmediato el soberano mandó a llamar a su consejero para quejarse amargamente de su esposa.

- Ella nunca me quiso – decía lleno de rabia -, cada vez que tenemos un acto protocolar es incapaz de permanecer detrás de mi, siempre se pone a mi lado y olvida que yo soy el monarca y que nadie puede ponerse a la par del rey. Es una insolente, no me ama, no respeta la dignidad de mi majestad. Lo que siempre quiere es brillar ella por encima de mí.

- Pero su majestad – alcanzó a decir el consejero.

- No me interrumpa – gritó el rey –. Definitivamente ella dejó de amarme hace mucho tiempo. Recuerdo aquella vez que llegué hambriento, solamente había una manzana y ella fue incapaz de dármela. Lo único que alcanzó a hacer fue cortarla en dos y darme el trozo más pequeño. Que insolencia, tratar así al Rey, ¿no se da cuenta que ella es sólo un súbdito? He mandado a cortar muchas cabezas por mucho menos que eso.

Y las quejas continuaron por mucho tiempo…

Un hecho puede ser visto desde distintas perspectivas por una misma persona dependiendo de su estado de ánimo y/o de la condición emocional en que se encuentra. ¿Cuántas veces hemos dejado que un pésimo estado de ánimo o una mala actitud mental desvirtúe la belleza, las virtudes y las bondades de quienes tenemos a nuestro lado?


lunes, 19 de agosto de 2013

El Semáforo

Aquel día, me desperté con mucho sueño y enojado. Con trabajo, pude levantarme de la cama. Me dirigí al cuarto de baño arrastrando los pies mientras renegaba por tener que levantarme de la cama y no poder quedarme en ella todo el día. Desayuné con los ojos tan cerrados como mi mente. Me sentía tan cansado, que por no meter el pan en el tostador, preferí comerlo frío y beber la leche directamente de la botella. ¿Para qué tanto trabajo? ¡Es un fastidio!

Salí de mi casa rumbo a la oficina, desde mi coche observaba el suelo humedecido por la lluvia y no podía evitar la rabia al pensar que tenía que trabajar. El semáforo se puso en rojo y de pronto, como un rayo, se colocó frente a todos los automóviles algo que parecía un bulto.

Por curiosidad abrí más mis ojos somnolientos y pude descubrir que lo que parecía un bulto, era el cuerpo de un joven montado en un pequeño carro de madera. Aquel hombre no tenía piernas y le faltaba un brazo. Sin embargo, con su mano izquierda lograba conducir el pequeño vehículo y manejar con maestría un conjunto de pelotas con las que hacía malabares.

Las ventanillas de los automóviles se abrían para darle una moneda al malabarista que llevaba un pequeño letrero sobre el pecho. Cuando se acercó a mi auto pude leerlo, "Gracias por ayudarme a sostener a mi hermano paralítico". Con su mano izquierda señaló hacia la acera y ahí pude ver a su hermano, sentado en una silla de ruedas colocada frente a un atril que sostenía un lienzo, y movía magistralmente con su boca un pincel que daba forma a un hermoso paisaje.

El malabarista mientras recibía una monedas, vio el asombro de mi cara y me dijo: ¿Verdad que mi hermano es un artista? De pronto el chico sentado en la silla de ruedas se dio la vuelta y pude leer en el respaldo de su silla:

“Gracias señor por los dones que nos das, contigo nada nos faltará”

Eso me impactó profundamente y mientras el hombre-bulto se retiraba y el semáforo cambiaba del color rojo al verde, mi semáforo interior también cambió.

Desde aquél día, nunca más se me volvió a encender la luz roja que me paralizaba por la pereza. Siempre he tratado de mantener la luz verde encendida y realizar mis trabajos y actividades sin detenerme. Aquel día descubrí que ante aquellos jóvenes, yo era el más necesitado, el más incompleto. Desde aquel mismo día, nunca he dejado de agradecer.

Ahora no tengo todo lo que quiero; pero le doy gracias a Dios por lo que sí tengo. El salario apenas me alcanza para pagar las cuentas, pero gracias a Dios que por lo menos tengo un trabajo para ganar el sustento. Los problemas se multiplican como por arte de magia, pero gracias a Dios tengo paciencia y fortaleza para sobrellevarlos.

A veces creo que no podré seguir adelante con tanto conflicto; pero le doy gracias a Dios porque cada mañana siento dentro de mi corazón que sí puedo. Los años han ido pasando rápidamente, mi piel está un poco arrugada, y mis cabellos se están poniendo blancos; pero le doy gracias a Dios por la alegría que siento de vivir.

Cada día le doy gracias a Dios por los conflictos que pude resolver, por los problemas que pude superar, por la enfermedad que pude soportar, por el odio que se transformó en amor, por la soledad que pude sobrellevar.

“Le doy gracias a Dios por permitir que este mensaje llegara a mis manos y a las tuyas”

Para sanar una herida de amor hay que dejar de tocarla.-

Cuando te parece tocar fondo, es porque llevas un tiempo recordando lo que deberías olvidar.
No es bueno ni sano vivir cada día sufriendo por quienes perdimos, eso es algo por lo que tendremos que pasar muchas veces a lo largo de la vida.
En estos tiempos nos inundan con libros y revistas que nos ayudan a vivir mejor, parecen insinuar que todo lo malo pasará, que el olvido llegará... Nos convencemos por los consejos que nos enseñan a seguir adelante, pero siempre acabamos recordando todo aquello que nos hizo daño.
Seguimos recordando y sufriendo.
Olvidar no es un tema fácil, es un proceso que lleva trabajo. Las tristezas del corazón son las más grandes, y las más difíciles de asumir. Muchas veces no somos capaces de salir de la agonía que el pasado nos provoca, así que necesitamos hablarlo con alguien y recurrir a pedir ayuda.
Has compartido una vida con una persona y de pronto te despiertas y ya no sigue a tu lado, se ha ido, y ¿qué haces? Lloramos, le buscamos, y nos restregamos en la herida que tenemos... -NO LO HAGAS MÁS-
¡Ya basta de restregarnos la herida!
Hay que salir de ese estado, no es bueno ni para tu propia salud ni para la de quienes te rodean. Tus penas las llevas grabadas en tu cara y lo único que logras así es alejar a la gente buena que tienes a tu lado, porque en esos momentos sólo ves por ti, por lo que estás pasando, sin darte cuenta que quizás la solución esta más cerca de lo que piensas.

Hay mucha gente que ayuda a personas heridas como tú, hay profesionales que te ayudarán a salir adelante, pero debes querer esa ayuda, tener una buena actitud frente a los problemas,debes poner de tu parte y tratar de dejar de lado todo aquello que te está dejando sumida en el dolor.

― Necesitas salir adelante, hay que saber llevar el sufrimiento.

¿No merecías este sufrimiento?
Estamos de acuerdo, nadie se merece que le lastimen, pero ya lo hizo, ¿llorarás todos los días? No, no debes hacerlo, no te lo puedes permitir. Deja de tocar esas heridas, sólo así podrán dejar de sangrar para que te puedas recuperar poco a poco.
No es sencillo y es muy triste que una persona en la cual confiaste te haya defraudado de esa manera, pero basta de autocompadecerte, debes salir de ese estado en que te encuentras.
Debes dejar de mirar atrás

Ámate, pero ÁMATE BIEN. Sacúdete la pena que tienes, vuelve a mirar la vida con más OPTIMISMO, vuelve a creer en los sueños, porque si no lo haces tu vida será en vano. Por muy mal que la vida te trate, nunca dejes de soñar, porque son esos sueños los que mañana te harán brillar.
Hoy decide olvidar, esa debe ser tu prioridad.

Si te miras con amor, encontrarás fortaleza dentro de ti. Puede que tengas una arenilla en el ojo, te molesta un día pero luego te lavas y te deja de molestar… así es como debes ver la vida. Que un desengaño no acabe contigo, al contrario, en tus manos está que ese desengaño te haga ser más fuerte. A partir de ahora prestarás más atención y poco a poco tu vida se irá ordenando.

Pon prioridades en tu vida.
Si no quiso seguir amándote, no eres tú quien pierde, sino quien no supo apreciarte.
Tú te lo ahorras, salió perdiendo, no seguirá recibiendo tu valioso amor. Al final del camino habrá una persona que sabrá amarte como te lo mereces, que no te hará daño, y volverás a ser feliz.
Es hora de mirar hacia adelante.
La experiencia te ha cambiado, ya no eres quien una vez fuiste, ahora eres una persona mucho más preparada para la adversidad de la vida. Ahora puedes levantarte y dejar de hurgar en las viejas heridas. Ahora es tiempo de mirar hacia adelante y avanzar.
Tú puedes salir adelante.
No permitas que nadie te derrote
Lograrás salir adelante
porque tú sabes lo que quieres,
y todo cuanto te propongas,
lo lograrás.

sábado, 22 de junio de 2013

La vida es como andar en bicicleta.-

 Te caes, sólo si dejas de pedalear.
 Al principio veía a Dios como el que me observaba, como un juez que llevaba cuenta de lo que hacia mal, como para ver si merecía el cielo o el infierno cuando muriera.
Parecía como si la vida fuera un viaje en bicicleta, pero era una bici de dos plazas, y noté que Dios viajaba atrás y me ayudaba a pedalear.
No sé cuándo sucedió, no me di cuenta de cuándo fue, que El sugirió que cambiáramos lugares, lo que si se es que mi vida no ha sido de la misma forma desde entonces.
Cuando yo tenia el control, yo sabia adónde iba. Era un tanto aburrida, pero predecible.
Era la distancia mas corta entre dos puntos.
Pero cuando el tomo El tomo el liderazgo, El conocía otros caminos, diferentes, hermosos, por las montañas, a través de lugares con paisajes, velocidades increíbles.
Lo único que podía hacer era sostenerme; aunque pareciera una locura, El solo decía "pedalea"
Me preocupaba y ansiosamente le preguntaba "¿A donde me llevas?" El solo sonreía y no me contestaba, asi comencé a confiar en El.
Me olvidé de mi aburrida vida y comencé una aventura, y cuando yo decía "estoy asustado" El se inclinaba un poco para atrás y tocaba mi mano.
El me llevó a conocer gente con dones, dones de sanidad y aceptación, de gozo.
Ellos me dieron esos dones para llevarlos en mi viaje; nuestro viaje, de Dios y mio.
Y allá íbamos otra vez. El me dijo "Comparte estos dones, dalos a la gente, son sobrepeso, mucho peso extra". Y así lo hice... a la gente que conocimos, encontré que en el dar yo recibía y mi carga era ligera.
El sabia cómo doblar para dar vueltas cerradas, brincar para librar obstáculos llenos de piedras, inclusive volar para evitar horribles caminos.
Y ahora estoy aprendiendo a callar y pedalear por los mas exctraños lugares.-

UN BUEN HOGAR.-

Un buen hogar siempre estará donde el camino esté lleno de paciencia, donde la almohada esté llena de secretos, donde el perdón esté lleno de rosas.Estará donde el puente se halle tendido para pasar, donde las caras estén dispuestas para sonreír, las mentes activas para pensar y las voluntades deseosas para servir.Un buen hogar siempre estará donde los besos tengan vuelo y los pasos, mucha seguridad.Donde los tropiezos tengan cordura y los detalles, significación. Donde la ternura sea muy tibia y el trato diario muy respetuoso. Donde el deber sea gustoso, la armonía contagiosa y la paz dulce. Un buen hogar siempre estará donde el crecimiento sea por el mismo tronco y el fruto por la misma raíz. Donde la navegación sea por la misma orilla y hacia el mismo puerto. Donde la autoridad se haga sentir y, sin miedos ni amenazas, llene la función de encauzar, dirigir y proteger. Donde los abuelos sean reverenciados, los padres obedecidos ¡y los hijos vigilados! Un buen hogar siempre estará donde el fracaso y el éxito sean de todos. Donde disentir sea intercambiar y no guerrear. Donde la formación junte los eslabones ¡y la oración forme la cadena! Donde las pajas se pongan con el alma y los hijos se calienten con amor. Donde el vivir esté lleno de sol y el sufrir esté lleno de fe. Un buen hogar siempre estará en el ambiente donde naciste, en el huerto donde creciste, en el molde donde te configuraste y el taller donde te puliste. Y muchas veces será el punto de referencia y la credencial para conocerte, porque el hogar esculpe el carácter, imprime rasgos, deja señales y marca huellas. Las vetas y el cimiento dejados por un buen hogar son indestructibles. Los principios parecen como grabados en hierro. La fe, como cincelada en roca. Y el amor, llevado como bandera. Es montar el barco más seguro para navegar el mundo, de otra manera sería navegar con un timón titubeante, una brújula indecisa y la quilla rota. Con buenos hogares se podría salvar al mundo, porque ellos tocan a fondo la conducta de los hombres, la felicidad de los pueblos y la raíz de la vida. Aunque hay excepciones, ese hogar primero, hogar tronco, nunca se pierde: ¡te lo llevas en el alma! Nunca se oscurece: queda en las luces que te alumbran el camino. Nunca se lo lleva el viento: queda prendido en tu raíz. De se hogar tronco salen las grandes alas que te permiten volar y hacerte águila. De ese hogar tronco salen los principios fuertes que enmarcan tu figura para hacerte gigante. De ese hogar tronco sale esa fuerza de la fe que resplandece para hacerte estrella. ¡De ahí salen obras maestras! Porque ahí se gestan los grandes valores del mundo, ahí se incuban las almas de resistencia, de temple y de fe. De ahí salen los grandes conductores de la humanidad ¡y los grandes seguidores de Cristo! El hogar, hoy en día, es una prioridad pues, como la buena tierra, ¡da lo que le siembran!